SINALTRAINAL

Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema Agroalimentario

Lun06182018

Last updateSáb, 16 Jun 2018 9pm

Audiencia sobre genocidio indígena

ECOCIDIO. Territorios indígenas

SITUACIÓN AMBIENTAL

Mucho antes de que el Estado colombiano hiciera extensas concesiones de terreno a la multinacional petrolera Oxy, en el departamento de Arauca, las comunidades indígenas, Sikuani y U’wa poseían amplios territorios que  comprendían: sabanas, corredores naturales correspondientes a las zonas costeras de  los principales ríos, la región selvática del pidemonte y las estribaciones del flanco oriental de la Cordillera Oriental junto al Nevado del Cocuy.

Estos territorios ancestrales indígenas comprendían lo que son hoy los departamentos de Casanare, Arauca, Boyacá, Norte de Santander y Santander.

Pero el Estado colombiano mediante los denominados procesos de colonización y las concesiones a las Transnacionales extractoras de hidrocarburos, contribuyó complacientemente a la reducción sistemática de éstos territorios, hasta someter a los indígenas a vivir en reducidas áreas denominadas, primero reservas y luego resguardos.

Uno de los principales santuarios sagrados, míticos y espirituales de los Sikuani fue la extensa y majestuosa Laguna del Lipa, con un espejo de aguas que abarcaba más de 60.000 hectáreas, correspondiente a las sabanas inundables de Arauca; de este territorio hacían parte las extensas selvas del piedemonte (715.000 hectáreas) y las sabanas del oriente araucano (más de 1.000.000 de hectáreas).

El ecosistema del la Laguna del Lipa, consuetudinariamente custodiado por el pueblo Sikuani, sirvió también de despensa alimentaria, no sólo para las comunidades indígenas que la circundaban, sino también de los llaneros y colonos, ya que  poseía también una incalculada riqueza en diversidad genética y biológica, considerada como uno de los mayores patrimonios en biodiversidad en fauna y flora del continente.

Igualmente, esta laguna contribuía a la regulación hídrica de la región, como zona de aquietamiento, ejerciendo el equilibrio de todos los ríos, caños, quebradas y manantiales que confluían en su espejo de aguas y vertían sus aguas en ella, para luego permitir que fluyeran tranquilamente a través de los ríos, caños y manantiales que salían de ella. Esto también constituía un elemento determinante en el equilibrio del régimen de lluvias y de temperaturas que configuraban el clima de la región.

Principales características ambientales de los territorios indígenas:

Sistema de humedales del Lipa:

Estos territorios, ubicados en las sabanas de Arauca y Casanare, estaban bañados por una extensa red de ríos y caños (río  Arauca  y Caño Agua Limón por el lado nororiente; los ríos, Cravo Norte, Río Ele, y Casanare por el suroriente; esteros, las lagunas permanentes, las riberas inundables, los raudales y regaderos, son abundantes y caracterizan esta región debido a que son los ecosistemas más ricos en biodiversidad, pues garantizaron la vida de la infinidad de especies que existieron y de las que aún subsisten.

Zona del piedemonte:

La vegetación es muy abundante y está conformada por estratos arbóreos ricos en diversidad florística. Esta formación ecológica se caracteriza por ser esencialmente rica en agua, estando conformada por numerosos ríos, quebradas y pequeñas fuentes que se abren paso entre los abruptos desfiladeros, cañones y valles de las encumbradas montañas. También se destaca en esta zona el incremento de los niveles de lluvia, pues el sistema montañoso sirve de barrera para la acumulación de grandes masas de nubes y aire frío, lo que provoca la frecuente formación de una densa niebla que cubre la cordillera.

Páramo:

La vegetación nativa en este ecosistema la componen algunas franjas de matorrales y diferentes especies de arbustos y frailejones.

Este ecosistema es fundamental para la región, ya que es el que mantiene el equilibrio de las zonas vecinas, es decir, las ubicadas en el piedemonte y la sabana.

En general, los tres tipos de ecosistemas de los territorios indígenas están caracterizados por pertenecer a la clasificación de “bosques húmedos tropicales”, los cuales están considerados entre los de mayor biodiversidad del mundo. En éstos ha existido históricamente una gran variedad de especies típicas y únicas, entre ellas de plantas fundamentales para la cultura medicinal y alimentaria de los pueblos indígenas, razón por la cual su degradación estaría relacionada directamente con el exterminio de sus habitantes.
 
La diversidad de fauna también es alta. Los estudios científicos estiman que en estas zonas de existen más de 600 especies de aves, 500 especies de peces y 120 de mamíferos, muchos de los cuales hoy están en peligro de extinción, como el caso del caimán negro, el águila tijereta, arpía, el jaguar, muchas especies de primates y el tapir, entre otros.

Por otra parte, se ha establecido que los fragmentos de estos ecosistemas que aún no han sido afectados, podrían sufrir la degradación como consecuencia de su aislamiento. Estudios realizados en Brasil por el ecologista Thomas Lovejoy, sugieren que se requiere un mínimo de un millón de hectáreas de bosque tropical para que una región del Amazonas o de la orinoquía pueda mantener su biodiversidad característica. Por ende, la destrucción de ciertas áreas de estos ecosistemas podría implicar la sequía o desertización de otras zonas aledañas.

La exploración y explotación petrolera en estas zonas, haría que se repita la historia de Caño Limón, con las consecuencias sabidas y los impactos ecológicos aún mayores, debido a la alta fragilidad que presentan dichos ecosistemas.

Las actividades de exploración y explotación del petróleo, comenzando por los procesos de estudios sísmicos y perforación exploratoria hasta los de producción, transporte y refinamiento, generan consecuencias adversas para el territorio -entendido como el conjunto de medios y elementos de la naturaleza, incluido el ser humano- directamente intervenido y para las poblaciones aledañas.

Particularmente, el uso de explosivos y las fuertes detonaciones efectuadas en estas zonas de exploración y explotación petrolera, ocasionan la muerte o la migración de un sinnúmero de especies animales, muchas de ellas útiles en la alimentación de las comunidades.

La erosión en las zonas deforestadas degradan en gran medida las aguas receptoras, al incrementar el nivel de turbiedad o la cantidad de sedimentos y elementos tóxicos ajenos a éstas.

Si se continúa con la explotación petrolera, además de hacerse persistente el grave deterioro y contaminación del medio ambiente, se profundizará la deforestación y la degradación de otros recursos naturales y su capacidad para sostener el equilibrio ecológico de la región y del país; estos impactos negativos también implican la afectación de la salud de las poblaciones, su organización social y el rompimiento del tejido social de sus habitantes.